Las normas de calidad ambiental, cuyo propósito es proteger la salud de las personas y de los ecosistemas ocupados por la sociedad, presentan un retraso en su formulación debido, en parte, a la falta de conocimiento científico sobre los ecosistemas nacionales, responsabilidad compartida entre los científicos y los organismos responsables de financiar la ciencia nacional. Adicionalmente, los reglamentos que establecen los procedimientos para la formulación de estas normas presentan deficiencias técnico-científicas que pueden repercutir en la efectividad de las normas para alcanzar los objetivos que persiguen. No obstante, existe abundante conocimiento científico nacional e internacional sobre métodos de muestreo, técnicas de laboratorio y procedimientos de análisis de datos que deben ser incorporados en dichos procedimientos y que pueden sustentar en forma más robusta las normas ambientales que se busca formular. La experiencia internacional en la formulación de este tipo de normas muestra que hay conocimiento científico ineludible que debe sustentar dicha norma, tales como los estudios ecotoxicológicos y el establecimiento de los niveles preindustriales de las sustancias que serán parte de la norma de calidad ambiental. Adicionalmente, se requiere generar nuevo conocimiento sobre los ecosistemas que serán protegidos y no solamente utilizar conocimientos de ecosistemas similares, como lo plantea la reglamentación nacional. Es necesario incorporar procedimientos técnico-científicos y una participación más efectiva de instituciones y expertos en la materia. No obstante, dichos expertos deben ser profesionales con experiencia demostrable, mediante su actividad científica
(publicaciones, proyectos) en las materias propias de la norma.